lunes 6 de septiembre de 2010

La epidemia que azotó la cuna de Grau


¿Cómo es posible que una enfermedad medieval aún en pleno siglo XXI exista en nuestro país? Se trata de la temible peste bubónica, la cual se pensó estaba controlada. Sin embargo, este año se supo que no.

La noticia que recibimos este año, nos cayó como balde de agua fría: un brote de la peste bubónica. El rebrote de esta pandemia refleja el grado de descuido que el Estado ha tenido durante muchos años en que se creyó había sido controlada, como lo afirma Ciro Maguiña, decano del Colegio Médico del Perú.

Por ello, la alerta de esta pandemia puso a los piuranos con los pelos de punta. Muchos de nosotros recordamos que en nuestro pasado esta enfermedad llegó a diezmar gran parte de la población piurana.


Peste bubónica en Paita

A comienzos del siglo XX, nadie habría imaginado que el miedo embargaría en nuestro cálido puerto Paiteño. Por aquella época, Paita, el puerto de entrada de la costa norte, estaba formado por casuchas de caña que se levantaban sobre las calles de tierra y por depósitos de madera de las casas comerciales y compañías de vapores.

Las condiciones de aquella época hicieron que se facilitara la multiplicación de roedores y con ello llegase la temible peste bubónica al puerto; además, del crecimiento del comercio que acentuó el contacto de los puertos peruanos. La naturaleza de las construcciones se prestaba para enclaustrar indefinidamente el germen de la peste y poquísimas las casas susceptibles de desinfección.

La intensificación del comercio marítimo, el crecimiento del número de viajes, pasajeros y mercaderías, alentó el crecimiento desordenado de ciudades y puertos.

Es así que en 1904 ingresó la peste al Puerto de Paita. Un testimonio recordaba que la peste empezó cuando se encontraron a dos chinos muertos en una tienda que llegó por barco. No obstante, otra versión cuenta que llegó a Paita a través del ferrocarril, en los cargamentos de arroz infectado. Pero lo cierto es que en tan sólo un año se registraron 254 casos de esta pandemia.

Ya en 1905, en Paita se formó una Junta Incineradora que con fondos de la Prefectura de Piura, peritos y actas, tasaba y pagaba las casas quemadas. Aunque era tonto porque luego los propietarios volvían a construir sus casas con las mismas características de insalubridad. Por lo tanto las incineraciones cumplían un rol simbólico: demostrar que las autoridades estaban haciendo algo. Lo que nos hace recordar que nuestras autoridades no han cambiado mucho hasta la actualidad.

Aunque los periódicos mostraban la ineptitud de las autoridades, no tomaban otras medidas. Tal como se lee en un periódico local de aquella época: “La Municipalidad cree que al mandar cuatro hombres a limpiar un muladar por un lado mientras hay cien inmundos por otros ha cumplido su misión”

Otro de los enfrentamientos que tuvieron que lidiar nuestras casi inexistentes autoridades de aquella época era el entierro rápido, sin las solemnes ceremonias y en condiciones que causaron aprensión. Los rumores de los entierros clandestinos se generalizaron en Paita.

Abad Coloma, un informante de Paita, recordaría luego una de estas historias escalofriantes de entierros clandestinos: “Caminaban por todas las calles de Paita y una vez que escuchaban un gemido… marcaban la puerta con un aspa y entraban los gendarmes, sacando a quienes estaban enfermos por bubónica. El jefe de la cuadrilla era muy malo porque botaba en la zanja a los bubónicos y estos aunque suplicaban que no los mataran, él los tiraba con una palanada de tierra y los ahogaba con todo”

Así recordaríamos que a nuestra población la dejaban morir como perros. Aterrando a la población, perjudicando el comercio y dejando en la mendicidad al pobre, tratando como delincuente a un enfermo.

Esta enfermedad trajo consigo, además, grietas en el tejido social. Los temores entre los grupos sociales y razas, pues la mayoría de enfermos provenían de barrios pobres. Es así como la enfermedad comenzó a relacionarse con la miseria y las malas condiciones de vivienda. Por ejemplo, un rico prefería morir de riqueza, ocultando su mal que admitir ser víctimas de la peste.

Esta situación me trae el recuerdo de la novela “La Peste”, donde se cuenta que una ciudad argelina es invadida por la peste. Ésta encierra en sus terrenos a personas que luchan contra ella, otros sucumben al pánico y hay quienes intentan escapar. Lo que nos quiere demostrar el existencialista Albert Camus es que ante la enfermedad, las autoridades van limitando los movimientos de sus habitantes para protegerlos a su manera. En nuestro caso, tratando mal al probre.


Fiebre amarilla y peste bubónica en Piura atentaban la economía peruana


Por varios años la peste fue un grave problema. Hasta los años veinte las campañas contra la peste fueron simbólicas, esporádicas y limitadas a los periodos de crisis.

Recordemos que por aquella época Piura y Paita jugaban un papel importante en la economía del país: la producción de algodón para la Primera Guerra Mundial. Y el puerto de Paita como principal vía de comunicación marítima.

Otra notoria importancia económica en nuestro departamento, eran los valiosos campos petroleros de las ciudades de Lobitos y Talara explotados por las compañías norteamericanas, Lobitos Oilfield Ltd. y La International Petroleum Company- esta última relacionada a la familia Rockerfeller.

En 1919, ya que en todo Piura se presentaban casos de la fiebre amarilla; la Fundación Rockerfeller estuvo interesada en combatir a aquellas zonas que constituían un freno a la prospección de petróleo. Nuestra ciudad era una de ellas. Sabía que se podían peligrar las pérdidas económicas si el Puerto de Paita se cerrase.

Más que una simple preocupación norteamericana, eran intereses económicos. Sabían muy bien los “gringos” que si no se controlaban los brotes epidémicos tendrían efectos devastadores en su propia economía.

Por ello la Fundación Rockerfeller envió a Henry Hanson, un médico americano quien se convirtió en un especialista en combatir paludismo y fiebre amarilla en la Zona del Canal de Panamá. Sin embargo aún no se enteraba de un gran detalle.

Como si fuera poco, Paita no sólo era azotada por la pandemia de la fiebre amarilla, considerada una de las grandes plagas del mundo. Sino también, junto con esta plaga, se encontraba latente la mortífera peste bubónica con las ratas como las culpables. De hecho entre 1918 y 1923 la peste recrudeció en el departamento de Piura, registrándose 960 casos de los cuales 339 eran de Paita.

Además de las condiciones ya descritas en que vivían las poblaciones de aquella época en Paita, los pescadores tenían la insalubre costumbre de conservar el pescado seco debajo de las camas. Lo que permitía a las ratas construir su madriguera y que sus pulgas pasasen a los cuerpos más cálidos cuando murieran.

Es así que, Hanson al llegar a Piura, su misión de combatir la fiebre amarilla cambió al de eliminar la peste bubónica.


El flautista de Paita

Henry Hanson se vio obligado a eliminar la peste bubónica, fumigando las precarias chozas. El gas expelido por las bombas se salía por las rendijas de las cañas y con ello las famosísimas ratas. Con el gas venenoso, no sólo mató ratas, sino también a dos obreros fumigadores.

Así es como Hanson tuvo que volver a Lima y entrevistarse con el presidente Leguía. Y la solución no era nada más y nada menos que, ¡Incendiar Paita!

¿Sería acaso la locura de un piromántico? No había otra forma de acabar con las malditas ratas que se refugiaban en las miserables chozas y los habitantes que se oponían a salir de sus viviendas. Por lo tanto diseñó un plan para la incineración y reconstrucción de Paita para transformarla en una ciudad sanitariamente ideal. El cual no es hasta la actualidad un modelo de pueblo sanitario.

El plan consistía en primero construir viviendas multifamiliares de ladrillo y cemento sin posibilidad para la entrada de ratas. Tal como lo describe Henry Hanson en su libro “The Pied Piper of Peru”.

Una vez desocupadas las inmundas casuchas se procedía a convertirlas en tan sólo cenizas. Con un estricto planteamiento, se abrirían zanjas alrededor de cada manzana para llenarlas con troncos de algarrobo. Luego prender fuego. Y con las ratas que lograsen escapar del fuego, los fumigadores se convirtieron en cazadores empedernidos armados con garrotes.

Hanson logró esta desinfección con la ayuda del ministerio de Fomento y el de Hacienda, quienes le dieron los recursos necesarios.

Por lo tanto, Hanson logró dejar atrás las ratas. Dicen que los galpones que Hanson construyó aún existen en Paita y ahora son refugio de maleantes


La peste en la sierra piurana
¿Acaso fue una pandemia que asoló el puerto de Paita? La respuesta aunque lamentable, es no.

En 1910, la peste se expandió hasta las regiones más pobres y rurales de la sierra piurana. Ello ocurrió por el transporte de piojos contaminados en las mercaderías que llevaban los arrieros que comercializaban entre la costa y la sierra.

Otro de los factores endémicos para la infección de comunidades serranas era el Loja (Ecuador). Entre 1920 y 1930, se registró en Huancabamba y Ayabaca y se extendió el rumor que existía peste neumónica en Piura.

Luego de muchísimos años vuelve un último rebrote en 1999, causando la muerte de una persona y 6 casos en Huancabamba.


No sólo fue una pandemia de Paita, también Lima
Tampoco se puede decir que fue una enfermedad exclusiva de la región de Piura. Llegó primero al puerto del Callao en diciembre de 1902.

La peste llegó en una época cuando no era común la medicina y era el lugar ideal para cobijar ratas, pericotes y un sinfín de roedores. La acumulación de basuras y las conductas antihigiénicas.

Además de la inmundicia, estaban las costumbres de miccionar y defecar en la vía pública. Ya en 1903 el panorama era devastador en la capital de nuestro país, los limeños producían 60 toneladas de basura.

Estas fueron las condiciones inhumanas en que recibimos la peste por medio de la embarcación “Serapis” proveniente de Bangok, foco de la pandemia de la peste negra.

El historiador Marco Cueto nos cuenta una singular historia del primer caso de muerte por peste bubónica en el Perú: “Cuando la señora Figueroa vestía el cuerpo de su hijo Pedro para el entierro, palpó una extraña hinchazón en el cuello del cadáver. Nadie le dio importancia al descubrimiento hasta días después cuando diez de los setenta trabajadores del Molino donde laboraba Pedro Figueroa enfermaron gravemente de un mal desconocido que les secaba la lengua, les hinchaba los ojos, los bañaba en fiebre y les producía bubones del tamaño del huevo de una paloma en el cuello, la ingle y las axilas. Quizás entonces, algunos pensaron que había una relación entre su sufrimiento, la muerte de Pedro y el hedor de las ratas muertas del Molino”. Puerto del Callao, mayo de 1903.

Esta enfermedad luego llegó al puerto piurano: Paita. Sobre el cual ya se escribió.


Tuvo un principio

La peste, peste bubónica o peste negra, no es una enfermedad actual. Estamos hablando de una enfermedad conocida desde la antigüedad. Los primeros datos de esta pandemia se ubican en el antiguo Egipto, la que causó la mortalidad de más del 50% de la población.

La pandemia comenzó tal vez en algún lugar del norte de la India, luego fue llevada al oeste por los ejércitos mongoles. Para llegar a Kaffa durante el asedio de los mongoles. Luego esta enfermedad fue transmitida a Messina, Génova y Venecia. Así es como desde Italia se extendió por toda Europa

Por lo tanto en 1348, una enfermedad desconocida asoló el continente europeo: la peste negra. Su rápida difusión y la ineficacia de los tratamientos médicos sustentaron la creencia de que se trataba de un castigo divino, y se acusó a los judíos de propagarla. En la Europa del siglo XIV causó la muerte de un 60 % de su población. Afectó Italia, España, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Hungría y finalmente Rusia.

En casi dos años esta enfermedad poco conocida y letal llevó a la tumba a más del tercio de la población Europea. El silencio reinaba donde antes había bullicio, el abandono había reemplazado a la compasión, y la desconfianza se había instalado en el lugar del afecto porque todos podían ser la fuente del veneno mortal. En una sociedad como la medieval, en la que la religión lo impregnaba todo, la mayoría de la población achacaba el mal al castigo divino.


Actualmente en el país

Ya en este año se han registrado más de 31 casos de peste en La Libertad y dos casos de muerte en el Perú. El primero se registró el 16 de abril a una niña de 4 años, víctima de la peste bubónica en Chicama. El segundo tomó lugar en Ascope (La libertad) con la muerte de un adolescente de 14 años con síndrome de Down, esta vez la peste bubónica en su forma septicémica.

Mientras tanto, el temor se ha apoderado de la población y de las autoridades ante la posibilidad que se desate una epidemia y se extienda a otras regiones como Lambayeque, Piura y Cajamarca, poniendo en serio riesgo la salud pública.

Aunque según el ministro de Salud, Oscar Ugarte, la posibilidad que se propague a Piura no existe. Por ello no debemos preocuparnos porque brote en la Libertad se debe a la presencia de roedores silvestres en cañaverales que han sido reservorio de peste y por efecto de la caña de azúcar migran a las zonas pobladas.

Por la posible propagación de esta infesta enfermedad, el director de Salud de Piura, Manuel Arrunátegui, aseguró estar trabajando de manera conjunta con los municipios para evitar el aumento de la población de roedores.

Sin embargo, nuestra preocupación está en que podrían migrar los roedores infectados desde Lambayeque y la Libertad por medio de las decenas de camiones con su carga de alimentos.

Además, el punto principal de estos camiones es el dichoso Mercado Central de Piura. Que como sabe la mayoría de los piuranos, es un muladar dónde habitan gran cantidad de roedores y la inmundicia impera sobre este complejo comercial. No sólo pone en riesgo a los comerciantes, sino también a miles de compradores.

Pues nos hace recordar a los comienzos del siglo XX en que el ambiente de insalubridad reinaba. Ahora en el siglo XXI, el panorama no ha cambiado mucho. Y esta vez echaremos la culpa a los gobiernos y no como en la época medieval que le achacaban el mal al castigo divino.



Se debe tener en cuenta:
Yersinia Pestis:Se trata de una zoonosis causada por un bacilo pequeño llamado Yersinia Pestis que afecta a los roedores, principalmente las ratas y de estas es transmitida al hombre y a otros animales por la picadura de la pulga. Imaginémonos cómo es posible que un simple roedor silvestre pueda llegar a asustarnos y quizá matarnos.
Manifestaciones clínicas

Forma bubónica: La más común. En el sitio de la picadura de la pulga aparece una lesión después de 2 a 8 días de incubación. Se caracteriza por la aparición de bubones en los ganglios de los pacientes infectados (cuello, ingle y axilas). Síntomas: Fiebre alta, malestar general, mialgias generalizadas, taquicardia, escalofríos, entre otros.

Forma neumónica: Cuando la bacteria llega a los pulmones. Por inhalación de partículas salivales del paciente infectado. Esta forma es muy severa y se pueden presentar manchas purpúricas en los pies y hemorragias en las cavidades. Síntomas: fiebre, cuadro de bronconeumonía, tos y dolor torácico.

Forma septicémica: Cuando la bacteria ha infectado todo el organismo a través de la sangre. El cuadro clínico se caracteriza por fiebre, linfadenopatía, tos, dolor torácico y la muerte en pocas horas.